El regreso de la crítica despiadada a todo lo existente.

Primera parte

Recuerdo que en la universidad había tres posibilidades con los maestros: 1) hablaban del fin de la historia y el posmodernismo de forma acrítica y sin poner en duda esta cuestión, 2) celebraban acríticamente la “modernidad” y lo “moderno” y 3) su discursos eran fragmentos de teorías diversas que se iban acomodando según la clase en turno, el tema, etc. La anterior observación está hecha con base en los recuerdos que tengo, por tal motivo, no puede ser un análisis exhaustivo a cada una de estas tres posibilidades, sumando que desde el 2012 terminé la universidad.

Ahora bien, el sentido de este texto es tratar de hablar sobre lo que se entiende por “educación universitaria” y tratar otras cuestiones sobre los “artistas” y el “arte”, cosas sobre las que pienso habitualmente.

Me parece que hoy la universidad ya es incapaz de aportar gran cosa a la formación integral de cada persona y se configura más como una capacitación para el trabajo y la eficiencia en la productividad. Igual pareciera que mas que formar “sujetos críticos” (como tanto se ufanan), ahora forman una masa disgregada, con aspiraciones individuales antes que colectivas, masa a ratos clasista y reaccionaria, que además perpetúa relaciones verticales de poder. El alumno es el intelectual orgánico que necesita el modo de producción capitalista.

Claro que sobre esta situación habría que examinar cada licenciatura, cada universidad, pero por lo menos en mi carrera había ejemplos notables de los que ya he hablado.

No creo, además, que en las universidades se vaya a gestar ninguna revolución, tal vez ese proceso ahora mismo se esté desarrollando en los sectores de la población más desfavorecidos. Podría ser.

Ya sabrán que estudié Artes Visuales y en una publicación anterior declaraba que no me interesa “ser” artista y exponía las razones. En este sentido, quiero poner a discusión algo más, había dicho que el artista no está fuera de la división técnico-social del trabajo y que, hasta cierto punto, forma parte del “ejército industrial de reserva”, es decir, está en lucha constante con otros colegas al encontrar trabajo, becas, premios, etc. Lo anterior tendríamos que trasladarlo a la cuestión de las becas que otorga el Estado o entidades privadas (burguesas, por fuerza), bienales, apoyos de diversos tipos, etc. Aquí el artista compite contra otros para obtener recursos, de esta forma tiene que hacer su trabajo lo más atractivo o redituable para algún jurado y saber de antemano que es lo que estos quieren premiar. Podríamos agregar que tras esta cuestión hay toda una estructura ideológica y una formación social que puede determinar los gustos del jurado/críticos. De alguna manera, esto también nos indica hacia qué dirección el estado o la hegemonía burguesa trata de llevar el arte, guiado por cierta aspiración estética y orientada por una “brújula ideológica”, por tratar de ponerle un nombre.

Sabemos que estas competiciones por recursos están corrompidas muchas veces, se han escrito varios artículos y ha habido protesta. Esta competición es análoga (con sus particularidades) a la cuestión del “ejército industrial de reserva” donde los proletarios desempleados optan por vender su fuerza de trabajo al menor salario posible, bajo las condiciones más nefastas en trabajos precarizados, así el proletario compite contra sus iguales, se disgregan y alienan. Observamos, pues, que el desempleo no puede extinguirse bajo el capitalismo, es este “sobrante” de mano de obra el que mantiene los salarios bajos y el aumento de los beneficios que obtiene la burguesía al apropiarse del plusvalor producido por los trabajadores.

Está competición entre iguales tiene efectos adversos sobre las personas, las divide, les nubla la vista y las ideologiza para nunca observar al verdadero problema. En ese tenor se ven cientos de discusiones, quejas, memes y replicas sobre la beca del FONCA, por ejemplo. Recordemos lo que sucedió con los poemojis, donde al final no ocurrió una crítica más severa y, como siempre, cada año cientos de personas volverán a pedirle migajas al estado. Sobre esta cuestión haría falta un estudio más extenso y mejor documentado.

Segunda Parte (el regreso de la crítica despiadada de todo lo existente)

Por otra parte, el artista pocas veces se identifica a sí mismo como un sujeto dentro del proletariado, en “La formación de los intelectuales” Gramsci hace una observación genial:

“Como estas diversas categorías de intelectuales tradicionales se sentían con espíritu de cuerpo, la historicidad de su cualificación se mantuvo ininterrumpida, colocándose de por sí en posición autónoma e independiente del grupo social dominante. Esta auto-posición tuvo consecuencias, y de largo alcance, en el campo ideológico y político. Toda la filosofía idealista se puede relacionar fácilmente con este supuesto asumido por el conjunto social de los intelectuales, y tal postura puede definirnos también el significado de utopía social que orilló a los intelectuales a creerse individuales, autónomos, revestidos de propia representación.”

Y bien, la influencia del idealismo filosófico ha tenido tal alcance que sus efectos son aún palpables, las teorías estéticas burguesas son herederas de tal idealismo y, la burguesía, con su hegemonía político-económica ha difundido estas concepciones, ideologizando y fetichizando a los “artistas” (en tanto su significación “tradicional”), desarrollando así a sus intelectuales de manera orgánica. Vemos que el artista se cree totalmente fuera de la división técnico-social del trabajo y ajeno al modo de producción dominante. (Definición de Wikipedia sobre el idealismo: “El idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente.”)

Ahora me toca intervenir, la conciencia de clase me ha despertado de este sueño dogmático, de la noción ideologizada de “artista”. Creo que tengo/tenemos una responsabilidad histórica y como diría Fanon: “Cada generación, dentro de una relativa opacidad, tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. Lo que también nos lleva a lo siguiente: “Todo espectador es un cobarde o un traidor”. Hay que sumar todo lo posible a la lucha contra este sistema y su ideología dominante, se hace necesario radicalizar el discurso, politizar todas las discusiones, pasar a una praxis combativa.

¿Cómo incidir en el arte? En principio es algo que este texto trata de hacer, de pensar en las producciones artísticas y el arte como productos y sujetos concretos subsumidos al modo de producción dominante. Podríamos poner sobre la mesa estos temas:

  • Para la cuestión de los artistas como “intelectuales orgánicos” habría que desarrollar un estudio detallado y concreto, tratar de desterrar los fetichismos que tiene el arte, desenmascarar el mercado del arte y sus especuladores, realizar una crítica sistemática y despiadada, contrahegemónica pero a la par de una praxis efectiva. Hay que empezar a agruparnos de modo colectivo y apostar por una producción autogestionada donde se encuentren todas las voces y se interseccionen las cuestiones de clase, raza y género, de igual manera, es necesario crear formar de educación popular no centralizada y donde prevalezcan relaciones horizontales tanto como sea posible.
  • Solo a través de hacer evidentes las contradicciones inherentes al capitalismo y tratar de explicar el arte/prácticas artísticas concretas bajo términos críticos (marxismo en mi caso, pero otrxs compañerxs podrían optar por el anarquismo, feminismo o lo que consideren necesario) y en franca oposición a lo que escribe la burguesía habitualmente. Esto puede ayudar a eliminar las nociones idealistas en el arte, hacer tomar conciencia de clase a los artistas (en tanto sujetos concretos que pueden ser interpelados) de que sus producciones no son hechos “metafísicos” ni obras de genios particulares, sino hechos materiales que se desprenden de un desarrollo histórico precedente, de un estado y una sociedad determinada en un espacio y tiempo específicos. Creo que así se podrían ganar a más personas para una eventual insurrección, donde por fuerza todos los oprimidos puedan formar un bloque en conjunto, construyendo una hegemonía propia, desarrollando así a sus propios intelectuales y creando nuevas formas de expresión, las más diversas posibles, desligándose de lo que la burguesía entiende por “arte”.

Esto sería el regreso de la crítica despiadada a todo lo existente, lo que no significa la vuelta de líderes o profetas, sino el regreso de la crítica ya no solo concentrada en sujetos aislados, estaría en potencia como una enorme fuerza colectiva que busque la emancipación total.

dos apuntes

Los dos pequeños textos que siguen son una par de publicaciones que hice en mi fb, aquí los publico porque voy a retomar este blog:

Mi educación universitaria fue tan mediocre que jamás me enseñaron a usar “bien” los materiales. Apenas este año que me estoy dedicando a la pape y que surtí material de arte, me recomendaron usar diluyentes y diferentes medios para acrílicos. Ni siquiera una clase sobre teoría del color, pero no acaba esto aquí, un día un compañero preguntó sobre la descolonización y el maestro no supo que carajo era… Lo anterior está muy bien si la facultad donde estudié solo quiere ser una sucursal más del pensamiento eurocéntrico y agente que difunde teorías estéticas burguesas sin hacer la menor crítica. Podría ser o está la posibilidad que yo sea un rojo dogmático (para que digan que no hago autocrítica, que siempre la hago pero esto no viene al caso, solo estoy siendo hostil). Lo anterior no debe leerse como una queja, al fin y al cabo cada día fuera de la academia aprendo más, entre más lejos este de “ellos”, pues mejor. [Ellos] Los que creen que están ajenos a la división técnico-social del trabajo por dedicarse al arte o que usan el arte como medio de blanqueamiento y aspiración.

IMPORTANTE

Respecto a lo que ayer escribí, es necesario hacer algunas aclaraciones (de carácter político, por supuesto):

No me interesa ser “artista”, es decir, subsumir mi actividad a todo lo que habitualmente se entiende bajo esa palabra. No me interesa “hacer” lo que tradicionalmente se piensa que hace un “artista, ni parecer “artista”. No me interesa ensalzar esta actividad en particular, es decir, fetichizar esta profesión y creer que estoy en un lugar superior dentro de la división técnico-social del trabajo, lo que es totalmente ingenuo. Mi noción es más radical, bajo el capitalismo todo el arte es una mercancía, y sobre lo anterior no se puede decir que sea algo “bueno” o “malo”, calificarlo así sería estúpido. Que sea una mercancía responde a las relaciones sociales de producción bajo las que toda producción artística se produce, en ese sentido, el “artista” es un trabajador asalariado mas, solo cuando se destruya la división del trabajo estaremos en condiciones absolutas de libertad y la noción de trabajo habrá cambiado.

El “artista” tiene que vender su fuerza de trabajo y sus mercancías producidas, no comercia con algo “espiritual”. Recordemos que esta división técnico-social del trabajo siempre ha sido en detrimento de los oprimidos, así se delegó a indígenas y africanos el trabajo más brutal sin salario alguno, a las mujeres se les impuso el trabajo doméstico no remunerado, como vemos, la división internacional del trabajo atraviesa raza, clase y género.

Ahora bien, el “artista” es un “intelectual orgánico” (concepto de Antonio Gramsci), la fetichización de su actividad tiene largo tiempo, aquí Gramsci explica la cuestión: “Como estas diversas categorías de intelectuales tradicionales se sentían con espíritu de cuerpo, la historicidad de su cualificación se mantuvo ininterrumpida, colocándose de por sí en posición autónoma e independiente del grupo social dominante. Esta auto-posición tuvo consecuencias, y de largo alcance, en el campo ideológico y político. Toda la filosofía idealista se puede relacionar fácilmente con este supuesto asumido por el conjunto social de los intelectuales, y tal postura puede definirnos también el significado de utopía social que orilló a los intelectuales a creerse independientes, autónomos, revestidos de propia representación.” Todo esto puede leer en “La formación de los intelectuales”.

Ahondando más, ni el artista ni el arte (prácticas artísticas concretas) son transhistóricas y no se deben pensar en abstracto, están determinadas por un desarrollo material que les precede históricamente.

A lo anterior se le puede sumar una crítica a las universidades y su sumisión al capital, pero es otra cuestión que habrá que tratar después. En mi publicación anterior lo menos grave era aprender bien la técnica, lo alarmante estaba en la falta de formación crítica, aunque eso no quita la exigencia al primer punto… Esta publicación tendrá que llevar a otra donde hablaré sobre “arte”, veamos algo previo, la crítica a la academia va unida a la crítica sobre las instituciones culturales públicas y privadas que operan como aparatos ideológicos. Como dije que no me interesa ser “artista”, tampoco me interesa la validación de toda la alternatividad blanca, ni del criollismo que encuentra su lugar como curadores, público, compradores, etc. No me interesa su escena, ni su aspiración ni su blanqueamiento. Esta cuestión la trataré mas adelante.

Recomiendo echarle un ojo a esto: https://www.youtube.com/watch?v=iSywRFsEbr8&feature=youtu.be

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Lecturas 2016

Estaba tranquilito chillin’ leyendo un librito que se llama “La filosofía del arte de Karl Marx” y me topé con esta cita (abajo), y recordé que quienes ahora están más ávidos en proteger la propiedad privada (y que ni siquiera es suya) son sujetos altamente ideologizados que están obligados a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, no llegan siquiera a la pequeño burguesía.
Generalmente hacen apología del discursito del libre mercado, así reproducen las relaciones de producción y la ideología dominante a la perfección, claro, pues así funciona la ideología.

No olvidemos que estos sujetos ideologizados muchas veces se forman en las universidades, por ejemplo, algunos estudiantes de la universidad donde estudié se ampararon contra el derecho de huelga de los trabajadores. Tal es uno de los orígenes en la diaria reproducción de las relaciones de producción en sujetos concretos, así se revela la función ideológica (y material al hacer efecto en sus relaciones de trabajo) que puede llegar a tener la universidad (que tampoco estoy diciendo que su única función sea alienar ni estoy generalizando al estudiantado).

Dicho lo anterior, solo quería decir que la universidarks no me sirvió de casi nada, he aprendido más leyendo, escuchando y viendo fuera de ahí. Tampoco estoy mamando que estoy totalmente fuera de la ideología, así que usted no crea que por ser un artista librepensador o haber estudiado la universidad no reproduce y practica la ideología dominante a diario.

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Sobre el trabajo (el proletario que, con una piedra, un palo o un rifle se rebela, cambia el mundo).

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Caras cansadas en el transporte público después de la jornada laboral, empujones, malos olores y caras escurriéndose en los vidrios…

El trabajo asalariado* no dignifica, reduce la dimensión del ser humano a una relación de compraventa, el trabajador es mercancía en el mercado del trabajo. Hay veces que podrá vender su fuerza de trabajo a un precio más conveniente, pero la mayoría de las veces y con la población desempleada en aumento, tendrá que aceptar un menor salario. Veamos algunas cosas, las ciudades con complejos industriales atraerán a la población de ciudades y pueblos más pequeños. Progresivamente, la nueva población tendrá que aceptar condiciones precarias de trabajo y bajos salarios porque habrá detrás de ellos cientos de proletarios con necesidades que cubrir: renta, hijos, escuela, etc (ejército industrial de reserva). La competencia salvaje entre iguales aparece y enrarece la existencia, hace hostiles las relaciones. El trabajo asalariado nuevamente reduce la vida del proletario a la esencia de su existencia en tanto no puede continuar su vida sin el trabajo y salario. No puede ser de otro modo pues el proletario carece de medios de producción, está despojado, no puede cobrar rentas, carece de tierra, está atado a la necesidad de vender su fuerza de trabajo.

Ahora bien, volviendo al desplazamiento hacía los centros industriales, podemos observar algunas cosas, el establecimiento de otras periferias, subalternizando lo subalterno, entendiendo que vivimos en un país que se desarrolla bajo capitalismo periférico, desde aquí se transfiere el plusvalor a los centros del capital. Dentro de las mismas ciudades surgen otras periferias, se establecen divisiones, diferencias organizadas por la clase, opresión sobre opresión. Opresión de las burguesías extranjeras, de las burguesías nacionales, opresión por las condiciones de raza, género y clase de cada persona.

Diré que no nos negamos a trabajar, pero las condiciones de los empleos actuales son nefastas, no permiten el desarrollo integral de las personas, se tienen que cumplir largas jornadas, rolar turnos, horas extras, trabajos repetitivos dejando al trabajador exhausto, sin ganas de continuar algo más. Se despersonaliza al trabajador cuando tiene abandonar su conjunto de ideas, creencias, valores, la forma en que se representa en el mundo y se tiene que reemplazar por la imagen de una empresa-producto, se aliena a una condición ajena y artificial. Se automatiza/hace máquina al trabajador cuando se ve obligado a repetir una acción por largo tiempo. Muerte lenta y dolorosa de quien también tiene sueños y anhelos.

El estilo de vida burgués es pagado por el trabajo diario del proletariado alejado de su familia, laborando en fines de semana y días festivos, trabajando en horarios nocturnos, nosotrxs les pagamos su viajes y sus autos, sus privilegios de clase.

Solo cuando el trabajo pueda hacer que cada persona se desarrolle integralmente y en todo su potencial, diremos otras cosas, pero bajo el capitalismo, el proletario solo puede oscurecerse y perderse entre la multitud de almas que entregan su vida y cuerpo al capital, son absorbidos hacia una orgía que nunca se detiene porque jamás dejan de ser paridos productos y fetiches, mercancías fetichizadas con un poder invisible sobre la mente de las personas.

Sin embargo, entendemos que como proletarios tenemos que seguir vendiendo nuestra fuerza de trabajo para poder subsistir, y mientras más trabajo, más me doy cuenta del sistema criminal e inhumano que padecemos, nosotrxs como mercancía intercambiable y reemplazable. Muchos años en la escuela, tantos más de alimentación y cuidados para ser un pieza-cuerpo que tiene que estar sano para ser funcional y productivo para poder cumplir con el trabajo sin descanso. Hijos que acaban siendo manos de obra para el capital, generaciones pasivas, generaciones sublevadas, historia a fin de cuentas. Somos sujetos activos en la historia, el trabajador organizado siempre podrá cambiar su presente. El proletario que, con una piedra, un palo o un rifle se rebela, cambia el mundo.

¿Cuál es el siguiente paso del proletariado?, (entendiendo al proletariado como una clase a nivel mundial) ¿Luchar por la jornada de cuatro horas?, ¿Revivir el ejemplo de los Mártires de Chicago? No se puede dar una respuesta unitaria, el proletariado de cada geografía tiene la tarea de elaborar un plan de acuerdo a sus condiciones materiales de existencia, pero no solo eso, antes hay que inyectar conciencia de clase en cada proletario (porque cada uno tiene una forma en la que representa en el mundo), unificar las luchas, buscar el consenso antes de estallar contra la burguesía. Suena como algo que va paso a paso y sencillo, pero la historia nos ha mostrado que la toma del poder por la clase subalterna a la dominante está llena de sangre y contrarrevolución, en el cerebro volverán a aparecer las veces que perdimos o ganamos, este paso al vacío me da un poco de miedo.

Solo quiero repetir que: el proletario que, con una piedra, un palo o un rifle se rebela, cambia el mundo.

* https://www.youtube.com/watch?v=orx3IEDSknk

:p https://www.youtube.com/watch?v=6I8mtnhWx6U

extra: https://www.youtube.com/watch?v=BmUvJzzK6b4


 

“Nosotros partimos de un hecho económico, actual. El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general. Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. […]

Esta realización del trabajo aparece […] como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación.”

“¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste.”

Marx, Manuscritos de 1844

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Sobre mi paso por la universidad (y otras cosas).

Hace unos días estaba en tuiter y empecé a escribir sobre mi paso en la universidad, pura desesperanza. Estar dos años fuera no es la gran cosa, pero revisemos esto.

Empezaré por decir que me he alejado de todo ese mundito del arte. He tratado en estos dos años de leer otras cosas, buscar otros caminos, ir de aquí a allá, buscar nuevas experiencias, también fracasar porque está bien caerse y levantarse del piso, salir de un sueño dogmático.

Una parte de ese sueño dogmático era creer en el arte como el principio y el final de todo, en un discurso feticihizado: artistas y obras fetichizadas.

Ya no me importan esas figuras que aparecen en la historia como genios y que solo son y fueron espejismos, todos estamos ligados a un espacio y tiempo, insertos en un sistema económico atravesado por clases sociales en oposición (cuando decimos “sistema” no nos referimos a algo abstracto, entendemos “sistema” como el conjunto de relaciones sociales donde el trabajo asalariado constituye uno de los ejes esenciales, pues ese trabajo subordinado genera el plusvalor que el burgués se apropia, este sistema también se vale de la ideología para reproducirse en las clases que lo conforman, es ahí donde la ideología segmenta y asigna una función/acción a cada persona, donde se atraviesan e interseccionan las cuestiones de género, raza y clase).

La historia es un cataclismo, no un atardecer que se contempla. Esa “historia” que los historiadores burgueses han fetichizado, elevado impostores a genios, lideres y demás fauna que se desplaza en verticalidad, explotación, guerra y miseria. Ahí donde la organicidad del intelectual hacia una clase social se hace visible (el intelectual se desarrolla en diversas formas: historiador, filósofo, artista, etc.)

Esto es un pensamiento desde adentro que trato de llevarlo al exterior, así que tal vez a veces no se me entienda, pero estoy dispuesto a todo. Como dije, me alejé de todo ese mundillo del arte, pasé un año sin dedicarle casi nada a mi obra y después decidí comenzar un libro de artista que ya terminé, ahora soy más constante con mi trabajo pero no me interesa aparecerme en todos lados y decir: “hey, esto es lo que he estado haciendo”. Sería puro ego, alimentar esa figura del “artista”, la cual que habría que repasar y repensar históricamente: ¿qué es?, ¿qué hace?, etc. Aquí iba a introducir un concepto desde la teoría de un pensador, pero tendré que mantenerlo hasta que lo haya reflexionado y escrito bien.

También me alejé por la falta de pensamiento crítico en mi facultad, todo era aceptar el discurso del “arte” y “artista” como si fueran algo homogéneo y abstracto, que eran seres que no vivían bajo una economía política donde desarrollaban su obra (condiciones materiales de existencia). Esa falta de crítica llega desde los maestros hasta los alumnos.

Saliendo, me di cuenta que no podía definir la estética (como rama de la filosofía), entre otras cosas que no está mal admitir. Parecíamos loros o animales de granja berreando lo que es el “arte”, parece que todo se hace-piensa desde el sentido común mas que desde una posición crítica, sentido común que en última instancia es la ideología de la clase dominante absorbida y expresada por las clases subalternas a esta (como diría Gramsci, que siempre lo tengo que sacar y ponerlo por acá).

A partir de esto, tuve que encontrar un camino en soledad, (a mi me encuentran al Sur y a la izquierda), mi obra también trata de surgir desde abajo, pensar desde un Sur que se trata de quitar la colonia y el blanquamiento de encima, que vean lo bello del color de la otra piel, de los rasgos que nos recuerdan a los pueblos originarios que estaban aquí y silenciaron con pólvora y religión. Tratar de surgir desde la autogestión anticapitalista, resistir de pie y con orgullo, que nadie quiera pasar sobre nosotros.

Pero aquí también me encuentro un tanto solo, recuerdo que en una fiesta trataba de hablar sobre el EZLN y sus Caracoles para que me acabaran diciendo que era un invento del gobierno y cosas de ese tipo, otra vez que trataba de hablar sobre mis muy breves conocimientos sobre Marx para que acaben usando el sentido común como argumento o el prejuicio impregnado por la ideología burguesa permeada a través de todo lo respirable, también la vez que me dijeron que solo querían entender como funcionaba el “mercado del arte” para entrar y vender su obra. La falta de interés en lo político se paga con padecer y reproducir la ideología dominante. Berridos reaccionarios del que habla y es proletario y le exprimen el plusvalor como si bebieran su sangre, el vampiro del capitalismo. (Marx también había dicho algo sobre el vampiro en ese sentido y tuve que recordarlo.) …

Yo solo quería decirles a mis compañeros: ¡oigan, deténganse!, hay que sentarnos a pensar, reflexionar sobre el presente, entender lo que es ser “artista”, ¿para quienes (para que clase social) estamos haciendo obras?,  vean, entiendan y sientan que habitamos en Latinoamérica, vaya oportunidad de decirle al mundo que desde la periferias también se genera conocimiento, pensar desde nuestro Sur… Pero que ninguno de mis compañeros esté en eso me llevó a aislarme y yo no estoy para decirles que tienen que hacer o que no. Siguen teniendo sus aspiraciones en lo mercantil, en lo que la sacrosanta Europa o Nueva York estén haciendo y no dejan de mamar el discurso eurocéntrico y blanqueante de la modernidad, y que aquí tendremos que detenernos para elaborar un (u otro) discurso crítico sobre la modernidad. A mi, ese termino (modernidad/modernizar) siempre me pareció un casi sinónimo para el “progreso”, o al menos así lo hacian todos los fetichizadores de la historia y la “historia del arte”, hay que introducir comillas para no dar por sentado todo y tragarlo para después ahogarnos.

También me he distanciado de esa imagen del “artista” inflada por el ego y del “genio creador”, que funciona solo figura fetichizada (y desclasada), falta aún escribir la historia de los que no tuvieron ni tienen historia, empoderarlos. La voz de los que no tienen voz…

Aquí me gustaría citar a Marx:

“Sancho se imagina que los llamados organizadores del trabajo pretenden organizar la actividad total de cada individuo, cuando son precisamente ellos quienes distinguen entre el trabajo directamente productivo, que es el que debe organizarse, y el trabajo que no es directamente productivo. y en estos trabajos no se trata, como Sancho se figura, de que cada cual pueda trabajar sustituyendo a Rafael, sino de que todo aquel que lleve dentro un Rafael pueda desarrollarse sin trabas. Sancho se imagina que Rafael pintó sus cuadros independientemente de la división del trabajo que en su tiempo existía en Roma. Si compara a Rafael con Leonardo da Vinci y el Ticiano, podrá ver hasta qué punto las obras de arte del primero se hallaban condicionadas por el florecimiento a que entonces había llegado Roma bajo el influjo de Florencia, como más tarde las del tercero por el desarrollo, totalmente distinto, de Venecia. Rafael, ni más ni menos que cualquier otro artista, se hallaba condicionado por los progresos técnicos del arte logrados antes de venir él, por la organización de la sociedad y la división del trabajo dentro de su localidad, y finalmente por la división del trabajo en todos los países con los que su localidad mantenía relaciones de intercambio. El que un individuo como Rafael desarrolle su talento depende enteramente de la demanda, la que, a su vez, depende de la división del trabajo y de las condiciones de cultura de los hombres, que de ello se derivan. […]

Y ahora, pido más atención:

La concentración exclusiva del talento artístico en individuos únicos y la consiguiente supresión de estas dotes en la gran masa es una consecuencia de la división del trabajo. Si, incluso en ciertas condiciones sociales, cada cual pudiera llegar a ser un pintor magnífico, esto no excluiría, ni mucho menos, el que cada cual fuese un pintor original, con lo que también en este punto quedaría reducida a un puro absurdo la distinción entre el trabajo “humano” y el trabajo “único”. En todo caso, en una organización comunista de la sociedad desaparece la inclusión del artista en la limitación local y nacional, que responde pura y únicamente a la división del trabajo, y la inclusión del individuo en este determinado arte, de tal modo que sólo haya exclusivamente pintores, escultores, etc., y ya el nombre mismo expresa con bastante elocuencia la limitación de su desarrollo profesional y su supeditación a la división del trabajo. En una sociedad comunista, no habrá pintores, sino, a lo sumo, hombres que, entre otras cosas, se ocupan también de pintar.”

Marx y Engels en La Ideología Alemana.

Este también será uno de mis puntos de partida para la tesis que estoy haciendo. El artista históricamente se ha configurado como un intelectual orgánico a la burguesía (en tanto que sus compradores y público venían/vienen de esa clase), pero en la historia siempre aparecen excepciones las cuales sería interesante estudiarlas, cuando decimos que desarrollan su organicidad a la burguesía no es tono de demeritar su trabajo ni ponernos a elaborar una lista de algo que sonaría tan torpe como “artistas del proletariado”, “artistas de la burguesía” y “artistas de la pequeñoburguesía”, simplemente, al establecer su relación con la clase burguesa es porque nos parece importante descubrir su contexto social para hacer un estudio más profundo del artista y su obra, algo que nos permita no volver a hacer análisis superficiales para, entonces sí, elaborar un discurso crítico que logre combatir a la historia escrita por la burguesía, extirpar los fetiches y combatirles en el terreno de las ideas, ser intelectuales desde el proletariado, entendiendo que luchamos contra un sistema a nivel global que nos tiene ventaja pues se reproduce en todos los lugares posibles: desde los medios de comunicación hasta la familia, la escuela y las instituciones.

Esto también quisiera abrir una esperanza para que cualquier ser humano se pueda desarrollar en plenitud, explorar todo su potencial, que ciertas actividades no estén ligadas a los privilegios de la clase dominante, que también el proletario camine en otros lugares que le son inalcanzables, ya sea porque sus condiciones precarias de trabajo y falta de tiempo no se lo permitan o también por la falta de recursos. El arte nunca debe ser un privilegio de clase, nunca más.

 

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El cuerpo como primer espacio de resistencia.

Bien, el cuerpo como primer espacio de resistencia frente al capital.

Advierto que estas son reflexiones rudimentarias por alguien que apenas va comprendiendo el tema, así que, aquí vamos.

Veamos, entiendo al cuerpo también como un espacio político, una declaración, un territorio donde se decide que entra: alimentos, bebida, el otro. Un territorio donde uno debe decidir libre y a conciencia que permanece y que se puede quitar, por ejemplo, el vello en todo el cuerpo. Cuando digo que se debe decidir en “libertad” es porque aún nos alcanzan las normatividades, el género, el patriarcado, la familia, etc. En este punto recomiendo ver lo que los feminismos han dicho sobre esto.

Ahora bien, pasaré al punto alimenticio desde un punto de vista personal. Me niego a dejar pasar los alimentos procesados, altos en azúcares refinados, en jarabe de maíz de alta fructosa, altos en sodio, llenos de colorantes artificiales. Aquí una exclusión al capital, pero en el modo más leve que no le impacta pues los procesos siguen allá afuera, las fábricas y obreros moviéndose a grandes velocidades, las mercancías viajando grandes distancias, se sigue mal alimentando a las periferias, dosis de azúcar para amortiguar los paisajes grises desde el transporte público con los perros oliendo las bolsas de basura. El trabajador regresa de vender su fuerza de trabajo, más horas y menos salario, absorbiendo deudas externas, transfiriendo el plusvalor a los centros del capitalismo para que los obreros de la sacrosanta y blanca Europa no se preocupen en trabajar de lunes a domingo más horas extra, nuestra condición que no se logra separar de la colonia aún aparece enrojecida en nuestra memoria, roja por la sangre de los inmolados en las minas, las zafras, las haciendas, inmolados al capital.

Si pongo un freno a los refrescos de cola, a los “chocolates”, es por hacer una defensa ante el capital, tal vez absurda, pero resolutoria en tanto se puedan pensar otras formas de organización, pasar de la defensa individual a la colectiva, no tanto a los productos, sino a los mecanismos que los engendran, es decir donde ahora se inmolan obreros y campesinos al menor salario.

Esta pequeña declaración, este control de lo que entra al cuerpo también se puede llevar a los productos que más usamos: pasta de dientes, jabones, champú, etc. Podemos pensar en espacios de autogestión, recuperar el trabajo manual como algo valioso y no como pérdida de tiempo, pues el capital requiere un comportamiento ascético y dedicado al trabajo, abnegados para acumular el capital del burgués, blanqueándonos para entrar al occidente, abrazar como destino la modernidad capitalista traída desde Europa y definiendo ella lo que es “civilización” y lo que no, clase, raza y género atravesados. (ver “Imágenes de la blanquitud” de Bolívar Echeverría)

Entonces, veamos al cuerpo como un territorio político, un espacio de resistencia, contra la ocupación del capital, al menos como un primer esfuerzo individual que pueda desbordarse a lo colectivo, por lo cual podemos socializar conocimientos, compartir bibliotecas, ir preguntando al otro, manejarnos en horizontalidad y cooperación, nunca es tarde para encontrar otros caminos o construirlos.

 

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Decadencia, virtualidad, autodestrucción.

Pasé mucho tiempo reescribiendo esto, iniciando una y otra vez la entrada. Tal vez eran otros tiempos con ansiedad al límite, pudo haber sido eso. Hoy me veo lejos de esos lugares y estoy de frente a cualquier cosa, o por lo menos es lo que creo.

Recuerdo que trataba de escribir sobre la virtualidad y la dificultad de conciliar las conversaciones en redes sociales con la “realidad”, había algo que no encajaba entre las palabras y los bits. Era lo que me tenía confundido, como un naúfrago en recuerdos donde no podía distinguir las palabras en el aire de las letras en la pantalla.

Era el año 2013, antes y después, es aquí donde asistimos a la destrucción de muchas ideas que tenía, a la incapacidad de conciliar las cosas que suponía con lo que pasaba, era la bruma. Y punto.

Aquí tenemos varias cosas que discutir: las conversaciones virtuales son incompletas, son signos que reconocemos pero donde está ausente la corporalidad, la respiración del otro, solo adivinamos e interpretamos silencios y puntos suspensivos, solo hacemos afirmaciones rápidas mientras tenemos más ventanas abiertas. Hay interacciones que valoramos más, algunas que ignoramos, otras que son ligeras o con poca importancia. Nos limitamos al envío y recibo de bits, de código binario. Precisamente este punto me inquieta, el que seamos por un momento solo bits pasando a través de fibra óptica, todo se enfría y se desvanece, avanzamos a velocidades terribles y al final nos confirman el envío o que el mensaje fue leído, el fin. Todo se detiene abruptamente y de nuevo empezamos a enviar información, solo nos queda la proximidad con nuestro teclado que al menos tiene un funcionamiento mecánico, ahora con las pantallas táctiles se borra aún más la cercanía y se usa menos fuerza, todo se vuelve más vaporoso.

Ahora viene otra cuestión, seguramente recordamos interacciones que son más memorables, que tienen su encanto y halo de misterio, donde creemos respirar algo de calor. Y entonces decidimos llevar las conversaciones a planear encuentros tangibles, está bien, perfecto. ¿Qué decir?, ¿Qué tanto se parece esto a lo que nos hemos confiado?. Ahora estamos apenas agarrados de una cuerda o caminando en tierras inexploradas, es como empezar de nuevo, como si nada se hubiera cruzado entre nosotros antes de presentar nuestra corporalidad con la otra persona, como si la interacción fuera nueva, y en realidad lo es, aunque a veces algunas cosas si coinciden y todo se vuelve más fácil, más certero y llegamos rápido al camino que prometimos. Se pueden revolver estrellas y galaxias allá arriba, puede pasar. Pero desafortunadamente tenemos que hacerle frente a la distancia, ni hablar cuando ciudades y montañas separan a los que se encuentran.

Aquí los sujetos, las corporalidades pelean por conciliar lo que se dijeron con sus voces y sus movimientos a lo que se dijeron cuando solo eran bits en código binario y viajando a velocidades sorprendentes. Recuerdo haber pasado por esto, por encontrarme en un abismo irreconciliable entre lo real de los cuerpos a la virtualidad de estos, ahora tan asquerosamente fría, sin que hubiera rastros de olor o sabor, solo sensaciones conducidas por signos reconocibles en la pantalla. Como dije, todo es vapor, todo se desvanece frente a mis ojos, tal vez sean las velocidades, la tecnología fría, espacios no vivos, máquinas, procesos automatizados, programación, error y prueba.

No sé si esto llevará a otras reflexiones, pero me gustaría a apuntar otras cosas. ¿Qué pasa cuando las interacciones cesan?

Puede haber cinco mil, ocho mil, u otras cantidades demenciales de mensajes, es este punto el que también me inquieta, puede haber conversaciones detenidas hace un mes o un año, y sin embargo accesibles en cualquier momento, como evidencia y relato inamovible. Es un cementerio enorme de información, un desierto de palabras, mares con tempestades, con barcos hundidos donde tal vez me veo flotando, agarrado de un salvavidas mientras se cae el cielo allá arriba y todas las palabras dichas hacen oleajes altísimos y salvajes, hundiendo barcos hasta el otro extremo de este mar de bits, ahora tierra de nadie, recuerdos almacenados en servidores, frío y calor alternándose, memorias muertas, promesas que no fueron, ofensas y reclamos, pero con la seguridad de poder cerrar o borrar todo, donde algo no muere, solo se liberan bits en discos duros, frío e indoloro, el vacío. Y de nuevo empezamos otra interacción, para nunca saber cuando va a acabar, donde seguramente habrá mas tierras de nadie, más océanos tormentosos, más naúfragos, donde alguien se ahogue o milagrosamente llegue a tierra firme.

otra vez

Otra vez me siento atrapado en la nada, son muchas cosas.

El día a día, el leer siempre las mismas ofertas de trabajo miserables, pegar fotos para cumplir con estándares mientras nos decían que seremos únicos e indiviudales, pero nos quieren reconocibles y predecibles, cayendo en lugares lugares comunes para que los productos, la musica y lo audiovisual caigan en lugares comunes con nosotros y nunca nos separemos de ese abrazo inmutable, tan desesperante, tan gris, gris como la vida que llevamos en cuatro paredes donde las recámaras, la sala y la cocina están unidas y ahogándose, para no perder de vista que vivimos confinados, y confinados vamos en el transporte público oliéndonos mutuamente, adivinando gestos y molestias, aplastados, y aplastados estamos en filas de producción acelerando y acelerando, haciendo que la mierda sea vendible en mil sabores y olores diferentes para que la veamos todos los días en nuestras pantallas, en nuestros paisajes artificiales y tengamos que producir más porque nunca es suficiente y no dejan de pedir esta mierda que ahora va en barco y aviones cruzando mares, pero mañana despertaremos y estaremos ahí, viajando con la cabeza agachada y mirando al piso, matándonos entre nosotros para que nos den medallas por el mérito servil y regresar a nuestras cuatro paredes para colgar nuestros trofeos, mientras ellos no se conforman con estar confinados y tienen cien recámaras con doscientas camas y cuatrocientos televisores, para que su mundo les transcurra sin miedo, pero algún día veran arder en el fuego esas cuatrocientas camas, para que al fin conozcan el suelo frío que le dan a millones mientras ellos se eleven por encima de la tierra sin ningún miedo, y nos mirarán de abajo hacia arriba, observando que ya crecimos y que no pediremos ni rogaremos, lo haremos a nuestro modo, tomando todo lo que nos robaron para que entiendan lo que a diario es ser despojado de todo, hasta de nuestras propias vidas para que el capital siga circulando y en una orgía de unos cuantos, pero tal vez, y con cierta tristeza lo digo, aún no estamos listos para abandonar nuestras cuatro paredes, aunque ya veo como empiezan las grietas que vamos haciendo con nuestras uñas mientras conseguimos herramientas más grandes, más contundentes, y entre nosotros aprendemos como derrumbar esto, siempre ayudando al otro, a que dinamite su condición y salga al mundo, como un hombre nuevo, un hombre libre.

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

Pablo O'Higgins, La huelga de Cananea.
Pablo O’Higgins, La huelga de Cananea.

 

 

Sobre la actitud crítica del artista

Sobre la actitud crítica del artista

Como estudiantes, artistas visuales, etc. ¿Qué posición estamos tomando ante el momento que vivimos?

Hoy nos quejamos del mercado del arte, la banalidad de las ferias de arte, el FONCA, entre otras cosas, pero todo sigue estático y desarrollándose bajo el mismo marco.

Es necesario poner en claro alguno puntos: el mercado del arte se reproduce en el capitalismo, y como tal, se subsume a este, se fetichizan las obras, se subordinan a este modelo de relaciones compra-venta, exhibición y promoción.

Por otra parte, el Estado con sus becas o las bienales de capitales privados, imponen su hegemonía validando discursos y artistas que reafirman una cultura que se desprende de la clase dominante (la burguesía), que tiene los medios de producción y por lo tanto, poder económico. De esta manera, ejercen su hegemonía en la cultura, la escuela, los medios de comunicación, etc. En este sentido, José Carlos Mariátegui apuntaba en 1925:

Sobre la suerte de los artistas contemporáneos pesa, excesivamente, la dictadura de la prensa. Los periódicos pueden exaltar al primer puesto a un artista mediocre y pueden relegar al último a un artista altísimo. La crítica periodística sabe su influencia. Y la usa arbitrariamente. Consagra todos los éxitos mundanos. Inciensa todas las re­putaciones oficiales. Tiene siempre muy en cuenta el gusto de su alta clientela.1

Hoy, la prensa se ha diversificado en todos los medios masivos: tradicionales y electrónicos, además que el mercado del arte tiene infinidad de recursos para promocionarse. Lo hago notar porque Mariátegui escribió este texto desde 1925, aunque su alcance queda casi intacto.

Ante este escenario, ¿qué podemos hacer? Queda bien claro que esta hegemonía es de la clase dominante, lleva su influencia y su imposición ideológica hasta la cultura (como lo había descrito Antonio Gramsci), entonces, hay que generar resistencia, crear contrahegemonía, autonomía y autogestión económica, formar comunidad, y sobretodo, generar una crítica implacable al discurso dominante. Sin formación crítica no se puede avanzar.

Preguntémonos, ¿para quienes vamos a producir obras? No seamos ingenuos, muchos quieren colocarse en el mercado, acercarse a marchantes de arte y curadores, asistir a sus fiestas, posicionarse, con lo cual, se perpetua la mercantilización del arte, se fetichiza todo el proceso. Como si no se pudiera crear bajo otro escenario que no fuera el mercado actual dominado por la burguesía. Hay que rebasar los marcos teóricos que se nos han impuesto, así lo exige el momento histórico que nos ha tocado vivir.

Parece ser que 500 años de opresión en América Latina no han sido suficientes para generar una fuerza devastadora que nos emancipe de una vez, queremos seguir calcando epistemológicamente a Europa en la formación académica tradicional. Hay que buscar la descolonización, que afortunadamente está ocurriendo con filósofos latinoamericanos como Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, entre otros.

Siendo estudiantes de una Universidad Pública, nos transmite una responsabilidad (si se quiere asumir, claro), de denunciar las desigualdades, de no seguir el proceso de siempre. En las Artes Plásticas, donde me he formado, me ha llevado a adoptar una posición crítica, y recordando mis días de estudiante visitando exposiciones, intercambiando ideas con mis compañeros, vuelvo a citar a Mariátegui:

La burguesía quiere del artista un arte que corteje y adule su gusto mediocre. Quiere, en todo caso, un arte consagrado por sus peritos y tasadores. La obra de arte no tiene, en el mercado burgués, un valor intrínseco sino un valor fiduciario. Los artistas más puros no son casi nunca los mejor cotizados.2

Y, sobre todo:

El arte depende hoy del dinero; pero ayer dependió de una casta. El artista de hoy es un cortesano de la burguesía; pero el de ayer fue un cortesano de la aristocracia. Y, en todo caso, una servidumbre vale lo qué la otra.3

Seguramente esta última línea de Mariátegui causará irritación en el ego de artistas que se creen completamente libres, los que piensan que no son como el obrero que está atado a una máquina o que no son el campesino que trabaja una tierra ajena, se olvidan que aún tienen que responder al burgués que es su mecenas o a la beca que el Estado le otorgó bajo sus cláusulas.

Como vemos, no quedan muchas opciones, más que nunca, hay que adoptar una posición crítica. Además, la mayor parte del arte contemporáneo solo transgrede muy superficialmente, jamás cuestiona la hegemonía-clase-cultura dominante, pensemos que tan aceptado es en los círculos afines a él y como se ha vuelto un camino tortuoso el intento de criticarlo, porque hacerlo no solo lleva a cuestionar la producción y actividad artística, también debemos hacerlo al mercado, el cual está inserto y subordinado al capital.

1 José Carlos Mariátegui, “El artista y la época”

2 Ibid.

3 Ibid.

Notas:

este artículo fue publicado en el primer número de La Revista C, aquí los links:

https://www.facebook.com/larevistac

lectura en línea: http://issuu.com/larevistac/docs/revistac_cosmos_publicaciondigital

El texto de Mariátegui puede leerse aquí: http://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/el_artista_y_la_epoca/paginas/el%20artista%20y%20la%20epoca.htm

"Despertar", Adolfo Mexiac, perteneciente al Taller de Gráfica Popular.
“Despertar”, Adolfo Mexiac, perteneciente al Taller de Gráfica Popular.

 

fragmentos, extractos.

Nos pueden romper mil veces, siempre parece que perdemos.

¿Qué nos queda?

Hoy en la tarde platicaba con unos amigos. Hay que pensar más alla del discurso dominante, romper los marcos teóricos que nos han impuesto desde siempre, la moral cristiana, la colonización, el eurocentrismo.

Más que nunca, hay que conformar bloques que sean contrahegemónicos al discurso dominante, pero estos hay que construirlos día a dñia, es una tarea enorme, de la teoría a la praxis.

Resistencia que se genera de las periferias…

No basta con soñar y que mañana amanezca un mundo nuevo.

La realidad nos sigue golpeando a diario.

“Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”, nos recuerda il compagno Gramsci.

Tal vez solo queremos volar en un mundo en una sola explosión, adiós al hombre.