Primera parte
Recuerdo que en la universidad había tres posibilidades con los maestros: 1) hablaban del fin de la historia y el posmodernismo de forma acrítica y sin poner en duda esta cuestión, 2) celebraban acríticamente la “modernidad” y lo “moderno” y 3) su discursos eran fragmentos de teorías diversas que se iban acomodando según la clase en turno, el tema, etc. La anterior observación está hecha con base en los recuerdos que tengo, por tal motivo, no puede ser un análisis exhaustivo a cada una de estas tres posibilidades, sumando que desde el 2012 terminé la universidad.
Ahora bien, el sentido de este texto es tratar de hablar sobre lo que se entiende por “educación universitaria” y tratar otras cuestiones sobre los “artistas” y el “arte”, cosas sobre las que pienso habitualmente.
Me parece que hoy la universidad ya es incapaz de aportar gran cosa a la formación integral de cada persona y se configura más como una capacitación para el trabajo y la eficiencia en la productividad. Igual pareciera que mas que formar “sujetos críticos” (como tanto se ufanan), ahora forman una masa disgregada, con aspiraciones individuales antes que colectivas, masa a ratos clasista y reaccionaria, que además perpetúa relaciones verticales de poder. El alumno es el intelectual orgánico que necesita el modo de producción capitalista.
Claro que sobre esta situación habría que examinar cada licenciatura, cada universidad, pero por lo menos en mi carrera había ejemplos notables de los que ya he hablado.
No creo, además, que en las universidades se vaya a gestar ninguna revolución, tal vez ese proceso ahora mismo se esté desarrollando en los sectores de la población más desfavorecidos. Podría ser.
Ya sabrán que estudié Artes Visuales y en una publicación anterior declaraba que no me interesa “ser” artista y exponía las razones. En este sentido, quiero poner a discusión algo más, había dicho que el artista no está fuera de la división técnico-social del trabajo y que, hasta cierto punto, forma parte del “ejército industrial de reserva”, es decir, está en lucha constante con otros colegas al encontrar trabajo, becas, premios, etc. Lo anterior tendríamos que trasladarlo a la cuestión de las becas que otorga el Estado o entidades privadas (burguesas, por fuerza), bienales, apoyos de diversos tipos, etc. Aquí el artista compite contra otros para obtener recursos, de esta forma tiene que hacer su trabajo lo más atractivo o redituable para algún jurado y saber de antemano que es lo que estos quieren premiar. Podríamos agregar que tras esta cuestión hay toda una estructura ideológica y una formación social que puede determinar los gustos del jurado/críticos. De alguna manera, esto también nos indica hacia qué dirección el estado o la hegemonía burguesa trata de llevar el arte, guiado por cierta aspiración estética y orientada por una “brújula ideológica”, por tratar de ponerle un nombre.
Sabemos que estas competiciones por recursos están corrompidas muchas veces, se han escrito varios artículos y ha habido protesta. Esta competición es análoga (con sus particularidades) a la cuestión del “ejército industrial de reserva” donde los proletarios desempleados optan por vender su fuerza de trabajo al menor salario posible, bajo las condiciones más nefastas en trabajos precarizados, así el proletario compite contra sus iguales, se disgregan y alienan. Observamos, pues, que el desempleo no puede extinguirse bajo el capitalismo, es este “sobrante” de mano de obra el que mantiene los salarios bajos y el aumento de los beneficios que obtiene la burguesía al apropiarse del plusvalor producido por los trabajadores.
Está competición entre iguales tiene efectos adversos sobre las personas, las divide, les nubla la vista y las ideologiza para nunca observar al verdadero problema. En ese tenor se ven cientos de discusiones, quejas, memes y replicas sobre la beca del FONCA, por ejemplo. Recordemos lo que sucedió con los poemojis, donde al final no ocurrió una crítica más severa y, como siempre, cada año cientos de personas volverán a pedirle migajas al estado. Sobre esta cuestión haría falta un estudio más extenso y mejor documentado.
Segunda Parte (el regreso de la crítica despiadada de todo lo existente)
Por otra parte, el artista pocas veces se identifica a sí mismo como un sujeto dentro del proletariado, en “La formación de los intelectuales” Gramsci hace una observación genial:
“Como estas diversas categorías de intelectuales tradicionales se sentían con espíritu de cuerpo, la historicidad de su cualificación se mantuvo ininterrumpida, colocándose de por sí en posición autónoma e independiente del grupo social dominante. Esta auto-posición tuvo consecuencias, y de largo alcance, en el campo ideológico y político. Toda la filosofía idealista se puede relacionar fácilmente con este supuesto asumido por el conjunto social de los intelectuales, y tal postura puede definirnos también el significado de utopía social que orilló a los intelectuales a creerse individuales, autónomos, revestidos de propia representación.”
Y bien, la influencia del idealismo filosófico ha tenido tal alcance que sus efectos son aún palpables, las teorías estéticas burguesas son herederas de tal idealismo y, la burguesía, con su hegemonía político-económica ha difundido estas concepciones, ideologizando y fetichizando a los “artistas” (en tanto su significación “tradicional”), desarrollando así a sus intelectuales de manera orgánica. Vemos que el artista se cree totalmente fuera de la división técnico-social del trabajo y ajeno al modo de producción dominante. (Definición de Wikipedia sobre el idealismo: “El idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente.”)
Ahora me toca intervenir, la conciencia de clase me ha despertado de este sueño dogmático, de la noción ideologizada de “artista”. Creo que tengo/tenemos una responsabilidad histórica y como diría Fanon: “Cada generación, dentro de una relativa opacidad, tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla”. Lo que también nos lleva a lo siguiente: “Todo espectador es un cobarde o un traidor”. Hay que sumar todo lo posible a la lucha contra este sistema y su ideología dominante, se hace necesario radicalizar el discurso, politizar todas las discusiones, pasar a una praxis combativa.
¿Cómo incidir en el arte? En principio es algo que este texto trata de hacer, de pensar en las producciones artísticas y el arte como productos y sujetos concretos subsumidos al modo de producción dominante. Podríamos poner sobre la mesa estos temas:
- Para la cuestión de los artistas como “intelectuales orgánicos” habría que desarrollar un estudio detallado y concreto, tratar de desterrar los fetichismos que tiene el arte, desenmascarar el mercado del arte y sus especuladores, realizar una crítica sistemática y despiadada, contrahegemónica pero a la par de una praxis efectiva. Hay que empezar a agruparnos de modo colectivo y apostar por una producción autogestionada donde se encuentren todas las voces y se interseccionen las cuestiones de clase, raza y género, de igual manera, es necesario crear formar de educación popular no centralizada y donde prevalezcan relaciones horizontales tanto como sea posible.
- Solo a través de hacer evidentes las contradicciones inherentes al capitalismo y tratar de explicar el arte/prácticas artísticas concretas bajo términos críticos (marxismo en mi caso, pero otrxs compañerxs podrían optar por el anarquismo, feminismo o lo que consideren necesario) y en franca oposición a lo que escribe la burguesía habitualmente. Esto puede ayudar a eliminar las nociones idealistas en el arte, hacer tomar conciencia de clase a los artistas (en tanto sujetos concretos que pueden ser interpelados) de que sus producciones no son hechos “metafísicos” ni obras de genios particulares, sino hechos materiales que se desprenden de un desarrollo histórico precedente, de un estado y una sociedad determinada en un espacio y tiempo específicos. Creo que así se podrían ganar a más personas para una eventual insurrección, donde por fuerza todos los oprimidos puedan formar un bloque en conjunto, construyendo una hegemonía propia, desarrollando así a sus propios intelectuales y creando nuevas formas de expresión, las más diversas posibles, desligándose de lo que la burguesía entiende por “arte”.
Esto sería el regreso de la crítica despiadada a todo lo existente, lo que no significa la vuelta de líderes o profetas, sino el regreso de la crítica ya no solo concentrada en sujetos aislados, estaría en potencia como una enorme fuerza colectiva que busque la emancipación total.









